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Zaragoza   jueves, 28 de agosto de 2014
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VI

Actas de la academia juridico-practica


    



     

Para comenzar con los asuntos que hemos venido denominando de organización interna, hay que hacer referencia destacada a las misas que debían celebrarse a lo largo del año. Según la ordinación primera, titulada De la misa que se ha de decir cada un mes de todo el año, debía rezarse una misa seguida de un responso con aspersión de agua bendita por las ánimas de los cofrades difuntos el segundo domingo de cada mes, acto que se celebraba en la capilla que el Colegio tenía bajo la advocación de santo Tomás de Aquino en el convento de Predicadores, iglesia de Santo Domingo, según el texto. Existía una especial atención en el desarrollo de estas ceremonias, para las cuales el luminero debía cuidarse de encender, entre otras, la lámpara que colgaba de la capilla del Colegio, tal y como reza la ordinación segunda, De la luminaria y decencia con que ha de estar el altar de la capilla en las dichas misas.

"... estatuimos que mientras las dichas misas se celebraren ardan dos hachas blancas en los dos blandones que para dicho efecto el Colegio tiene dentro de la dicha capilla, y en al altar cuatro luces de cuatro velas blancas, y otras dos en la imagen de nuestra señora, que está encajada en el retablo, la cual dio Francisca Canete, mujer de Gaspar Serrano, notario ..."









Mayor era el ornato debido con motivo de la festividad del santo patrón, como se lee en la cuarta ordinación, titulada De la fiesta y solemnidad que se ha de hacer en la víspera y día del santo.

"... que la víspera y día de dicho santo nuestro patrón, la capilla de este Colegio esté colgada y aderezada con el ornato conveniente, y que en dicha capilla ardan en las vísperas y misa dos hachas blancas, y en el altar por lo menos seis velas blancas, y otras dos hachas, y otras seis velas en la capilla y altar mayor de dicha iglesia en el cual se hará la solemnidad, y que haya en las completas y misa música de chirimías y cantores, y a las completas se den ramos a todos los cofrades que en ellas asistieren ..."









Convivía con estas celebraciones las vísperas cantadas y misa del día de todos los santos, en la celebración de las cuales se hace mención a un paño que posiblemente sea el mismo que ya aparecía en las ordinaciones de 1396, bajo la denominación de paño de oro y que empleado para cubrir la sepultura de los cofrades. Así se lee en la titulada Que el día de todos santos se digan vísperas por los difuntos, y el día de las ánimas misa.

"... Por tanto estatuimos que esté a cargo del luminero el día de Todos los Santos después de medio día, tener aderezado el altar de la dicha capilla, y puesto el tumbano con el paño de luto que el Colegio tiene, con sus bancos y por lo menos en ellos media docena de hachas ..."







Al igual que sucedía en las primeras ordinaciones, en las cuales saltar de lo religioso a lo profano era en algunos casos un ejercicio sin solución de continuidad, en esta recopilación de comienzos del XVII podemos comprobar como las reuniones del Colegio van unidas de forma y manera indefectible al desarrollo de los diversos actos litúrgicos. Y así se mantiene firme en el tiempo la convocatoria a capítulo tras la celebración de la misa, que en las presentes ordinaciones tendrá lugar el segundo domingo del mes. No obstante, debe apuntarse que las antedichas reuniones o capítulos se despegarán cada vez más del sustrato religioso para ir posicionándose en el terreno de la organización y del gobierno interno, lo cual se corresponde con la autonomía que estas materias irán obteniendo del en un principio casi absoluto dominio de lo espiritual. Por vez primera se instituye la celebración de al menos tres capítulos generales al año, en los meses de marzo, julio y noviembre, lo cual supone un efectivo avance en relación con las anteriores ordinaciones.

Que en cada un año se tengan por lo menos tres Capítulos de cuatro en cuatro meses

" Para tratar de las cosas que son convenientes a éste Colegio, es necesario se ajunten los hermanos, para que juntos y con su deliberación y parecer se resuelvan y provean las cosas que puedan concurrir. Por tanto estatuimos que en cada un año se hayan de tener tres Capítulos generales de cuatro en cuatro meses, que serán en los segundos domingos de los meses de marzo, julio y noviembre después de haberse dicho la misa que este Colegio hace decir, en los cuales Capítulos se proponga y trate de las cosas que se ofreciere tratar, y todos los cofrades de este Colegio estén obligados a intervenir y asistir en ellos ..."












De estos tres capítulos generales, será el del mes de noviembre el más importante, ya que durante su celebración se procederá a la renovación de cargos. Si las primitivas ordinaciones establecían que el derecho a elección lo ejercitasen los mayordomos y consejeros, en éstas les se suman el luminero y el notario. Por su parte, los cargos electos resultan ser los de dos mayordomos, dos contadores, un luminero, un notario, cuatro silencieros, y dos visitadores de la cama del Hospital. Aparecen nuevos puestos, como son los del notario, silenciero, y visitadores de la cama del Hospital, mientras que se mantiene en una ordinación aparte, como ya ocurría en el texto del 1396, la figura del nuncio o llamador, de cuyas atribuciones se nos da ahora una más completa explicación.

Que haya nuncio, o clamador

" Los trabajos y cosas que están a cuenta y cargo del luminero de este Colegio son muchos; y así es muy justo en lo que fuere posible aliviarle de ellos. Por lo cual estatuimos que haya un llamador, o nuncio de este Colegio que sea * y a beneplácito del Capítulo el poderlo remover, a cuyo cargo esté llamar los colegiales a los capítulos y otros ajuntamientos, aunque sean particulares, dar noticia de los difuntos, asistir en las misas y dar el pan bendito, tener cuidado con la limpieza y ornato de la capilla, encender la luces, y hacer otras cosas que el luminero le advirtiere. Al cual nuncio, además de sus propinas acostumbradas le señalamos de salario en cada un año doscientos sueldos jaqueses, pagaderos del común del Colegio, y la nominación del dicho nuncio siempre que acaesciere morir o vacar por otra cualquier causa, se haya de hacer en uno de los tres capítulos generales que se han de tener, y por los cofrades que en él asistirán, y por habas blancas y negras por mayor concurso de votos."
















Podemos suponer que la importancia del cargo era subsidiaria, tal y como se demuestra al descubrirse que el nuncio o llamador era al fin y al cabo ayudante y complemento del luminero del Colegio. Pero lo más importante del texto no es esto, sino la mención final sobre la forma de concretarse el proceso de designación, realizado mediante la elección por mayoría de votos emitidos en forma de habas blancas para los favorables, y negras para los contrarios. Dicho proceder será moneda común durante al menos todo el siglo XVII y XVIII, sin que pueda descartarse, más bien lo contrario, su empleo en tiempos anteriores.

En cuanto a la explicación de las atribuciones de los distintos cargos, poco hay que añadir a lo ya dicho sobre los consejeros y el nuncio o llamador. Más noticias tenemos respecto a los mayordomos, para los que la ordinación decimoctava establece que en caso de ausencia su lugar sea ocupado por el luminero, y de no hallarse éste presente por el colegiado más antiguo, con todas las atribuciones y poderes de aquellos. Por otro lado, si en las ordinaciones de 1396 corría a cuenta de los mayordomos el convidar a los frailes de la orden de los Dominicos, en las de 1620, y al siguiente día del capítulo general del mes de noviembre, tras la celebración del aniversario por las ánimas de los colegiados difuntos, los mayordomos salientes debían invitar a todos y cada uno de los cofrades a un par de perdices, según la ordinación titulada Que al otro día del capítulo del mes de noviembre se diga aniversario por las ánimas de los difuntos, y lo que está a cargo de los mayordomos.

"... Empero si los dichos mayordomos querrán hacer convite a los cofrades y darles de comer uno o dos días como se hacía en los tiempos antiguos, lo puedan hacer, con que los cofrades que quisieren comer hayan de pagar cada seis reales de escote, por cada un día de los que irán a comer, y en este caso los mayordomos no tengan obligación de darles las perdices a los cofrades que habrán asistido en el dicho aniversario."











Al igual que en el siglo XIV el poder de los mayordomos se frenaba ante la obligatoria sujeción al parecer de los consejeros, tal poder se verá ahora constreñido por la necesidad de consensuar previamente sus intervenciones con los cofrades de más antigüedad siempre que vaya a tocarse un tema que pudiera afectar a cualquier otro miembro del Colegio. Así se determina en la ordinación vigésimo novena, titulada Que las cosas extraordinarias que concurrieren antes de proponerlas se confabulen con algunos colegiales, que finaliza prohibiendo la presentación por parte de los mayordomos del asunto en cuestión en caso de no lograr el acuerdo requerido.

El cargo de notario corresponde al del actual secretario, si bien las escasas responsabilidades que debía soportar en los tiempos pretéritos en absoluto pueden compararse con sus actuales cargas. En la ordinación titulada Que se haga un libro en el cual el notario del Colegio asiente las cuentas que darán los lumineros, se le anotan como deberes leer las ordinaciones al iniciarse el capítulo general dedicado a la elección de cargos, y llevar los libros de registro, especialmente el dedicado a fiscalizar las cuentas del luminero, libro con cubiertas de pergamino en el que anualmente debía asentar dichas economías.

"... porque de esta manera se tendrá noticia de lo que el luminero debe de hacer, y también si se perdieren algunas cosas se sabrá quien las ha de pagar, y asentadas las cosas sobredichas en dicho registro, se continuará el levantamiento de las cuentas, y lo firmarán de su mano los contadores, como arriba está dicho."









En realidad lo que ha ocurrido con el paso de los siglos ha sido la fusión del cargo de notario con el del llamador, hasta desembocar en el de secretario. Otro tanto puede decirse de los cargos de contador y luminero, de cuya fusión resulta el actual tesorero. El contador, en un principio denominado almosnero o limosnero, y responsable del reparto de las limosnas, fue uniendo poco a poco sus funciones con las desempeñadas por el luminero, que eran muchas, variadas, e importantes. Como ejemplo, digamos que el luminero era el encargado de la entrega de limosnas para costear las celebraciones litúrgicas, de llevar las anotaciones de las sanciones económicas impuestas a los cofrades y de cobrarlas, de cubrir en su caso las vacantes de los mayordomos, etc. Valga de muestra la ordinación vigésimo tercera.

Que el luminero reciba en su poder todo el dinero que vendrá a poder del Capítulo

" Pues el luminero de este Colegio toca el proveer y pagar las cosas necesarias que entre año se le ofrecen. Estatuimos que el dinero que fuere y perteneciere al común del Colegio, así de rentas como de treudos, entradas de colegiales, penas y otras cualesquiere cantidades que en cualquier manera hayan de venir a poder del dicho Colegio, las haya de recibir y cobrar el luminero que a la sazón será; y así el día que fuere elegido y jurare, el capítulo le ha de conceder y otorgar poder bastante para recibir, cobrar, y comisar, y tomar posesión, y a pleitos, para que con él pueda otorgar apocas y albaranes, y hacer todos los otros actos que acerca las sobredichas cosas fuere necesarios."













Es por tanto la del luminero una de las figuras que más se han potenciado con el discurrir del tiempo, pasando de merecer una única mención en el texto de 1396, a distinguirse en varias ordinaciones en el de 1620, ocupando sin duda el cargo más relevante tras los mayordomos, como lo demuestra su capacidad para ejercer la sustitución de éstos. Y es obvio que así fuese si consideramos que sus funciones se centraban cada vez más en la gestión de la hacienda del Colegio, parcela que fue creciendo en importancia conforme el mismo iba ganando en complejidad y relevancia. Por su parte el contador queda encargado del control del archivo del Colegio, ubicado en la sacristía de la capilla del convento de Predicadores. Al parecer, la falta de los adecuados mecanismos de vigilancia habían permitido el extravío de buena parte de la documentación, lo que evidentemente repercutía en el buen funcionamiento del Colegio. Tan es así que el asunto merecía su propia ordinación.

Que aquel mesmo día se hayan de reconocer las escrituras que faltan en el archiu y entregar las llaves

" Por la grande flojedad y remisión con que los contadores que hasta ahora han sido nombrados se han habido en sus oficios, los mayordomos, lumineros, notarios y otros colegiales, en cuyo poder estaban los libros, escrituras y papeles del Colegio, se han olvidado de entregarlos a los nuevos entrantes, y quedándose en su poder descuidados de ellos no se hallan, aunque se ha hecho diligencias para ello, y hasta ahora el Colegio los tiene perdidos con grande daño y menoscabo suyo. Estatuimos y ordenamos que los contadores que habrán sido nombrados, antes de defenecer y firmar las cuentas que el luminero dará, reconozcan el archiu que el Colegio tiene dentro de la sacristía de la capilla, y vean que escrituras hay en dicho archiu, y las que se han sacado aquel año para que se vuelvan, y lo mismo se haga de los registros de los notarios en acabarlos, y de los procesos que habrán activado en aquel año, de manera que todo quede con la puntualidad y recaudo que conviene. Y pues el archiu tiene tres cerrajas haya de haber tres llaves, la una de las cuales tenga el mayordomo más antiguo, otra el luminero, y otra el notario del dicho Colegio, los cuales acabados sus oficios hayan de entregar dichas llaves a sus sucesores en los dichos oficios."




















Nuevo es el oficio denominado de los visitadores de cama, obra caritativa que el Colegio venía desarrollando desde tiempo atrás consistente en la visita de dos colegiados designados por un periodo de un año a un enfermo del hospital de nuestra señora de Gracia. No sabemos cuando comenzó esta acción de carácter altruista y humanitario, pero si tenemos en cuenta que la referencia textual es del año 1620 y que tal labor se menciona como debida al esfuerzo de pretéritos colegiados, bien puede suponerse que la misma debe remontarse al menos a la segunda mitad del siglo XVI. Esta noticia supone no sólo el reconocerle al Colegio un mérito social innegable, sino que nos permite descubrir su importancia e integración en la vida pública de la ciudad, al convertirse en una de las asociaciones profesionales que tenían la suficiente fortaleza orgánica y económica para sustentar su propia obra de caridad. Lo demuestra la ordinación titulada De la vista de la cama del Hospital.

" Conviene mucho a este capítulo por ser tan del servicio de nuestro Señor y autoridad nuestra, sustentar y proveer la cama que el capítulo tiene y nuestros predecesores dejaron en el hospital real y general de nuestra señora de Gracia, la cual está en la cuadra de calenturas entrando en el claustro a mano derecha, con una imagen de pintura de nuestro patrón santo Tomás, y un rótulo o letrero que dice de los procuradores ..."











Continúa el texto ordenando que las visitas se realicen con tanta frecuencia como sea posible, a fin de cubrir las necesidades del enfermo, para lo cual se destinaba una cantidad anual de hasta sesenta sueldos, que podía incrementarse en caso de que ello fuese preciso aunque siempre con la preceptiva autorización del capítulo colegial.


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